De vuelta de Isla Antilla y de mis entrenamientos, tenía ganas de escribiros y contaros esta mini-concentración, que para ser la primera salida de la temporada no ha ido nada mal. Empezaré destacando el gran trato que he recibido allí por parte de toda la gente que, a través de Paco Mancebo, nos va conociendo y va disfrutando del ciclismo. Luego pasaré a contaros 'batallitas' y ya irán saliendo los nombres, porque se merecen un cachito de este comentario.
Ya establecidos en el hogar de mi amigo Mancebo y tomando un 'cafetuko' para empezar bien el día, decidimos hacernos un cuadrante que coincidiera a los dos sin molestarnos mucho, que más o menos ajustásemos los días de fondo, las series o los días de descanso activo. Me abrigo como en casa, voy al garaje de las bicis y veo al Mance en rodilleras, manguitos y gafas de sol, y me suelta: “Pero Penkas, que no estamos en Ávila”… Y qué razón tenía. Menudo tiempo que teníamos y que gustazo el andar así. El primer día, una toma de contacto hasta el pueblo de Pomarao (Portugal) por una carretera de repechos y bien asfaltada, de esas que me gustan a mí. Coincidiendo con el río Guadiana, fincas llenas de encinas y cerdos sueltos hacían todo muy tranquilo. El corazón a 160 pulsaciones, pero tranquilo…
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A medida que pasaban los días se iban uniendo a nuestra grupeta más gente: Rubén Calvo (profesional del LA Paredes), Toti (Master 30 de Lepe y un machaca de los de verdad, que nos daba un ambiente que no veas) y para rematarlo todo: la grupeta de San Bartolomé, encabezada por los hermanos Macías (Javi y Carlos), que estos sí que van rápido y menudos entrenos nos metieron por la zona minera de Tharsis, la Puebla… Vais a ver qué temporada hacen en el Open de España de MTB. Así, los entrenos fueron más cañeros, más rápidos, de más calidad, y uno que se cree que lo sabe todo, pues tiene que reconcoer que aprendí muchas cosas. Creo que la siguiente vez tocará ir con la MTB para que me den unas lecciones.
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Hemos teniendo tiempo de conocer la gastronomía típica de la región, que está basada en el mar y en el cerdo. El día que hicimos más largo y terminamos de entrenar en la Puebla, nuestro amigo de allí, José Carrasco (organizador de la Marcha Cicloturista de Isla Cristina), organizó en casa de sus primos Domingo y Tomás una comida de lo más exquisita. Y nosotros, que tenemos que dejar el pabellón del ciclismo bien alto, pues nos comimos todo como muy buenos chicos. Domingo nos ofreció su casa, su baño para ducharnos, su hospitalidad… Le dejamos la nevera de luto y el tío estaba tan contento. Creo que hubiese echo lo mismo con cualquiera, porque allí son así. Domingo, te dejo un mensaje: me quedé con ganas de que sacases la guitarra y la caja y haber montado un miniconcierto. Lo dejaremos para la siguiente.
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Tampoco me quiero olvidar de otros dos grandes amigos que están en Lepe y que nos ofrecieron masajista, fisio, mecánico, si queríamos hacer entrenos tras-coche, de taxistas… Son Juan Galloso y Santos Hernández. A todos vosotros, muchas gracias por estos días tan fantásticos y sobre todo a Paco Mancebo y a Luisa.
Y ya entrenando en casa, voy asimilando todos esos entrenos. El siguiente test será en Mallorca, en la concentración del equipo. Seguro que haremos algún entreno-carrera subiendo el Puig Mallor.
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