Los inicios
Son muy pocos, por no decir casi ninguno, los recuerdos que tengo de mi infancia en los que no aparezca una bicicleta. No podría señalar el año exacto en el que empecé a montar porque, desde incluso antes de saber andar, mi padre ya me había subido en una bicicleta. Siempre había varias en casa. Por eso creo que ‘la culpa’ de que yo hoy sea ciclista la tiene mi padre. Mis fines de semana los pasaba con él, recorriendo la sierra con la bicicleta de montana. Recuerdo que me daba ‘cana’. Una vez, con doce años más o menos, subimos al Pico Veleta. Yo en mi bici de montaña, que no era precisamente como las de ahora… Pesaba lo suyo. Fue una subida eterna, pero la hicimos.
En esos tiempos compaginaba la bicicleta con el fútbol. Pero el balón, pese a estar en companía de mis amigos, no me tiraba tanto como mi Zeus blanca, que fue la primera bicicleta que tuve.
No fue hasta 1994-1995 cuando comencé a salir en bici –digamos– vestido de ciclista. Gracias a mi hermana Mawi, que siempre ha estado conmigo, apoyándome en todo momento. Siempre que he necesitado algo relacionado con la bici: ropa, zapatillas, casco… ella me lo ha regalado.
Empieza la competición
Fue en 1997, como cadete de segundo año, cuando comencé a competir. Me apunté a la UC Armilla y disputé mis primeras carreras con el equipo Fiat-Calfisha. Ese ano gané mi primera carrera. Fue la última de la temporada, el 21 de septiembre, en Almuñécar.
En el 98 y 99 corrí con el Construcciones Armilla. Ya le había cogido el ‘gusanillo’ a esto y, gracias a mis padres y a mis hermanas, que siempre han estado conmigo, aún no lo he perdido. Ellos me han ayudado muchísimo en los malos momentos, animándome a seguir hacia delante, permitiéndome hacer lo que más me gusta.
En el 2000, con el Obrador Don Gonzalo-Córdoba, sumaba una nueva victoria a mí palmarés: el Gran Premio San José, en el Viso de los Pedroches.
No soy un ganador nato. Desde mi primera carrera -como ya he senalado, en 1997¬- hasta hoy, diez años después, he sumado 15 victorias. Todas diferentes y todas especiales. Pero sin duda, la mejor fue mi primer triunfo como profesional en la Vuelta a La Rioja. Significó una dosis muy fuerte de moral. Desde que me propuse vivir de la bici, he tenido que realizar muchos esfuerzos y sacrificios. El paso a profesional y esta victoria han hecho que todos valgan la pena. |
Paradójicamente, los años más amargos que he pasado en esto del ciclismo han sido también en los que mejores frutos he conseguido. Durante las temporadas 2003, 2004 y 2005 parecía tener un imán para las lesiones, que me dejaban media temporada fuera de competición. En 2003, un virus estomacal me impidió correr casi medio año. Pese a todo, conseguí tres victorias con el equipo del Ávila Rojas, al que llegué en 2002, año en el que logré el Campeonato de Andalucía contrarreloj en la categoría sub-23.
En 2004, tras ganar la cuarta etapa de la Vuelta a Galicia y proclamarme Campeón de Andalucía en ruta, sufrí una caída en la Vuelta a Córdoba y me rompí la muñeca. Fue el final de esa temporada para mí.
El 2005 lo empezaba con un sabor amargo. Apenas si había corrido en las temporadas anteriores, pero, nuevamente, el apoyo de mi familia me hizo continuar. Y hasta el momento ha sido mi mejor año. Cuatro victorias. Pero el imán seguía funcionando y otra vez las lesiones me dejaban en el dique seco durante una buena parte de la temporada. En esta ocasión por una rotura de clavícula.
Por fin profesional
Esta lesión me llevó incluso a pensar en colgar la bici. Pero en esas recibí la llamada de Antonio Cabello y el ‘chip’ cambió por completo. Tenía la oportunidad de pasar a profesionales, de conseguir aquello por lo que había luchado desde 1997. Mi primer pensamiento fue el de no desaprovecharla y demostrarles a Antonio Cabello y a Juan Martínez Oliver que no se equivocaban al dármela.
En mis primeras carreras como profesional, tras los primeros kilómetros, de salir con el pensamiento de intentar hacer algo y estar entre los primeros, mi pensamiento pasaba a hacer todo lo posible por terminar. La diferencia entre amateur y profesional es mucha, pero lo que más se nota es la velocidad a la que se va. Los objetivos son los mismos.
Trabajé muy duro mi primer invierno como profesional para empezar la temporada en buena forma, y eso me dio muy buenos resultados. El 23 de abril, en la tercera etapa de la Vuelta a La Rioja, tras llevar toda la etapa escapado, que me neutralizaran y después volver a coger otra fuga, conseguía mi primera victoria…Sin palabras.
Primera prueba superada. Como todo salió bien, de cara a mi segundo año en profesionales (2007) decidí repetir los mismos pasos. Buena preparación en invierno para empezar fuerte la temporada. Hasta ahora creo que es lo mejor. Ya llevo dos victorias de etapa y una general… Y todavía queda mucha temporada. |